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miércoles, 15 de agosto de 2012

Sueño de la tarde del 31 de julio de 2012

Saquen sus propias conclusiones...

Bajo las escaleras. Estoy de viaje, pero es un destino intermedio. Hace frío. Creo que estoy descendiendo a los andenes de la estación de Sol, en Madrid. Pienso en las manifestaciones y protestas que habían tenido lugar allí. Hay mucha gente, todo el mundo se mueve rápidamente, pero a la vez el ambiente es oscuro, tenebroso y yo no sé el motivo. Tal vez sea invierno, lo desconozco. 

A mi derecha dejo un quiosco, a mi izquierda hay unas escaleras de piedra por las cuales continuo mi bajada. Giro por un pasillo majestuoso hacia la izquierda y me encuentro de bruces con un control parecido a los de seguridad, que impide mi paso. Los viajeros acceden sin problemas; yo no. Pregunto qué tipo de bonos tienen. Insisto en que no quiero un billete univiaje, sino un bono, como mínimo de un día. Me dicen que vuelva atrás, que la máquina expendedora me la he dejado atrás. No recibo más explicaciones. 

Inmediatamente, llegó a la conclusión de que el quiosco que dejé arriba, antes de girar por el pasillo donde me encontraba era donde se vendían los bonos. Subí. En el camino me encontré a gente en un cine al lado de unas vías de tren. Efectivamente, al llegar me di cuenta. Compré un bono, pero no recuerdo cual. Creo que debió ser de más de un día, porque la acción parece larga, pero no estoy nada seguro de esto. Vuelvo a bajar. Está vez debí entrar por otro sitio, porque la caseta metálica del control de pases ya no estaba. Accedí sin mayores problemas y sin volver a acordarme del bono. 

Cuando llegué a mi destino, abajo no había un suburbano, sino un hospital, pero yo sólo entré hasta donde me interesaba. Vi a mi abuelo. Estaba tumbado en una camilla, aparentemente en buen estado. Llegaron estudiantes de Medicina de mi edad y médicos mayores, que debían ser nuestros profesores; también acudieron enfermeros y, por último, algunos familiares míos. Yo estaba vestido como un cirujano, pero no hacía nada, me limitaba a mirar y vigilar. Mis compañeros comenzaron a ponerse máscaras y taparon a mi abuelo con una bolsa de plástico de conservación de cadáveres a los pocos minutos, llevándolo a un rincón, en lo que parecía ser el reformado hueco de una antigua chimenea. Sin embargo, mi abuelo seguía respirando. Yo pensé en quitarle el plástico, pues deduje que no le dejaba respirar, pero no lo hice; supuse que los que se lo había puesto, sabían de estos asuntos mucho más que yo y no quise quedar en ridículo explicando mi teoría acerca del plástico. 

Al poco tiempo tuve que irme. No recuerdo qué tenía que hacer, pero creo que debía ser importante. Subí de nuevo cerca del giro de escaleras donde se encontraba el quiosco transformado en máquina expendedora de bonos del metro y encontré una armadura metalizada gris opaca. Justo al lado, no recuerdo exactamente donde, encontré un libro, que parecía ser muy antiguo. Lo cogí y me marché. Creo que volví a bajar hacía la improvisada sala de hospital. Los médicos y enfermeros estaban fuera del recinto, que parecía ser más que nunca una tienda de las que encontramos en las estaciones, con la persiana subida. Al lado de un banco de piedra, había colocado una colorida pancarta. Ni siquiera leí lo que ponía, pero creo que daba las gracias por la atención prestada o algo similar. Me dijeron que mi abuelo había muerto. Dudé entre entrar o quedarme fuera. Decidí hacer esto último; no podría soportar el dolor dentro. Se escuchaban gritos y lamentos desde fuera. Me desperté.

1 comentario:

  1. Joanmi, lo primero felicitarte por tu blog y por este archivo especialmente. Me ha gustado mucho como te has expresado y como lo has ido contando, ya que me ha echo entrar en tu propio sueño e imaginarmelo todo. Además, me hace reflexionar sobre como en los sueños mayormente se expresa la impotencia que tenemos para reaccionar y también nuestros miedos. Felicidades de nuevo, un besito.

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